DUNAS SALVAJES

DUNAS SALVAJES

Una remodelación total, pero sin perder el espíritu playero. Con Germán Margozzini a la cabeza, esta casa en Cachagua se transformó, logrando un equilibrio perfecto entre estilo, elegancia y funcionalidad.

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POR MARÍA JOSÉ NAZAR / FOTOS CRISTÓBAL PALMA

Entre las dunas y en primera línea frente al mar, esta casa es un verdadero espectáculo para la vista y los sentidos. Durante décadas, la familia la disfrutó al máximo, hasta que llegó el momento de hacer ciertos cambios. El desgaste por el paso del tiempo ya no se podía ignorar, y la dinámica familiar también había evolucionado: los hijos crecieron, y las necesidades cambiaron.

“La idea se fue gestando de a poco: primero pensamos en cambiar el piso, pero si ya íbamos a hacerlo, ¿por qué no aprovechar de arreglar la cocina? Y si hacíamos eso, también podíamos rehacer los closets… Al final, nos dimos cuenta de que lo más lógico era partir de cero”, cuenta la dueña de casa.

Decidieron confiar nuevamente en Jorge Figueroa, el arquitecto que la proyectó años atrás, para que se hiciera cargo de la ampliación. Querían que mantuviera intacta la esencia de la construcción: moderna y fiel al estilo playero.

Para la remodelación y el interiorismo, en cambio, querían romper con lo convencional. Su dueña dedicó tiempo a encontrar a la persona indicada, alguien que entendiera la imagen que tenía en su cabeza, no solo en lo estético, sino también en la forma en que la querían vivir. “Para mí, debía ser lo más parecido a un hotel: linda, ordenada y en tonos que transmitieran tranquilidad”. Buscaban a alguien con ideas frescas, audaz y que supiera integrar el arte en el espacio.

Así fue como Germán Margozzini se convirtió en la pieza clave para aterrizar esa visión. “Era justo lo que necesitábamos. Alguien que entendiera la estética y las sensaciones de un hotel, pero también nuestra manera de recibir: esa luz tenue, las velas, la música y un ambiente sutilmente bohemio. Ideas que Germán maneja a la perfección”, cuenta.

Para ella, uno de los grandes atributos de Margozzini es su manejo de la espacialidad, una habilidad que domina gracias a su formación como arquitecto. Un ejemplo de ello fue la reorganización del living: movió la chimenea de lugar para mejorar la experiencia del espacio, que, aunque no es tan amplio, tiene gran altura. Para hacerlo más acogedor, diseñó un revestimiento de madera en el techo, aportando calidez y reforzando la conexión con el entorno. Otra de sus genialidades fue integrar la terraza al living, unificándolos tanto en estética como en funcionalidad, y protegiéndola con cortinas que la aíslan del exterior, creando un solo gran ambiente.

Siguiendo el mismo carácter hotelero, Margozzini diseñó los baños en tonos oscuros, logrando un aire sofisticado y misterioso. En la cocina, en cambio, optó por líneas simples que la conectaran con el comedor. Para este espacio, eligió cerámicas de Estudio Varo y muebles de Bontempo.

Meticuloso y exigente, diseñó cada mueble de la casa y se encargó también de la iluminación y la selección de arte, combinando piezas de artistas nacionales e internacionales.

El jardín, en tanto, quedó en manos de Josefina y Pía Passalacqua, paisajistas con gran experiencia en la zona. “Originalmente, el diseño tenía menos vegetación, más baja, y predominaba el maicillo, dejando la construcción más expuesta”, cuenta la dueña. Esta vez, quisieron sumar más verde, manteniendo las especies nativas e incorporando nuevas como maitén, olivo, pitosporo tobita enano, rhus crenata, westringia, agave, atanasia, limonium, verbena bonaerense y romero rastrero, entre otras. También añadieron maceteros con suculentas, un sello distintivo del trabajo de las hermanas Passalacqua.

Tan moderna como auténtica, la casa superó todas las expectativas. “Es mucho más linda, elegante, cómoda y funcional de lo que jamás imaginé”, reconoce su dueña.