FINA ESTRATEGIA

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El interiorismo como extensión de la arquitectura es la premisa que guía el trabajo de Vicky Chá. En esta casa en La Dehesa, esa convicción se hace evidente en cada...

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POR MARÍA JOSÉ NAZAR / FOTOS ANA MARÍA LÓPEZ

El interiorismo como extensión de la arquitectura es la premisa que guía el trabajo de Vicky Chá. En esta casa en La Dehesa, esa convicción se hace evidente en cada rincón.

Contemporánea, sobria y atemporal. El encargo de interiorismo para esta casa en La Dehesa tenía una dirección muy clara: rescatar la materialidad propia de la arquitectura y, al mismo tiempo, lograr un ambiente cálido que invitara a estar.

La misión se encomendó a la argentina Vicky Chá (@vickycha_estudio). “Desde las primeras conversaciones con los dueños de casa se generó una conexión muy natural”, recuerda. “Tenían una visión bastante definida en cuanto a la atmósfera y su estilo de vida, lo que permitió desarrollar un proceso profundamente colaborativo”.

Aquí los espacios se encadenan sin interrupciones y, a través de su recorrido, se van revelando de forma gradual, más que como una suma de ambientes. Los muebles, integrados en su mayoría, logran que nada se sienta añadido. La madera, la piedra y los revestimientos minerales construyen una base cálida y silenciosa que atraviesa toda la casa. “Me interesaba que los materiales dialogaran entre sí desde la afinidad más que desde el contraste”, explica la diseñadora. “Que se expresaran tal como son, sin artificio”. Tonos neutros y naturales, texturas que aportan profundidad y una paleta donde cada elemento tiene un rol claro dentro del conjunto.

La manera en que interior y exterior se funden es, quizás, el rasgo más propio de esta casa. La arquitectura de Elton Léniz lo propone desde la estructura misma, con grandes planos vidriados, proporciones horizontales y una apertura total hacia el paisaje. La interiorista tomó esa condición y la llevó hacia adentro, trabajando los espacios para que la vegetación -cuidadosamente diseñada por el paisajista Nicolás Sánchez- entrara como parte real de la composición y no como telón de fondo. Los límites, en esta casa, se diluyen.

La luz es otro hilo conductor. La interiorista la trabajó apoyándose en las aberturas y transparencias propuestas por la arquitectura, privilegiando materiales capaces de absorber y matizar la luz de la mañana y la tarde. Para la iluminación artificial, sumó a Francisca Mackenzie, con quien diseñó una propuesta nocturna bajo la misma lógica: estratégica, construida en capas, pensada para acompañar la materialidad.

“Hay aire, pausas y una relación muy consciente entre escala, luz y materialidad”, describe la diseñadora. Lo que más le interesaba era que la casa pudiera apropiarse con el tiempo, incorporando la vida de quienes la habitan sin perder su esencia. Que se sintiera muy personal.