LA ALEGRÍA DE MEZCLAR

LA ALEGRÍA DE MEZCLAR

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POR SOFÍA ALDUNATE  / FOTOS GENEVIVE GARRUPPO / PRODUCCIÓN ROBERT RUFFINO


Color sin miedo, estampados que se encuentran y antigüedades con una nueva vida. Así renovó el interiorista Phillip Thomas esta casa de 1922 en los Berkshires, Estados Unidos.

La casa estaba bien. El problema eran sus 80 años.
Por fuera, conservaba intacto su encanto original: fachada blanca, postigos oscuros, ventanas simétricas y esa elegancia sencilla del estilo federal estadounidense, de líneas clásicas y pocos adornos. Rodeada por las montañas de los Berkshires, al oeste de Massachusetts, parecía llevar toda la vida en ese lugar.

Sin embargo, el exterior prometía una cosa y el interior contaba otra. Varias remodelaciones habían dejado muebles revestidos en laminado plástico blanco, grandes baldosas en blanco y negro y ampliaciones que poco tenían que ver con la casa original.

Phillip Thomas lo comparó con un rompecabezas mal armado. No había que inventar una casa nueva, sino volver a poner cada pieza en su lugar. Y hacerlo además, sin aumentar la superficie ni cambiar la huella de la construcción.

Los propietarios eran clientes de larga data de su estudio. Buscaban una segunda vivienda para compartir con sus hijos y nietos, una casa donde todos pudieran llegar, instalarse y estar cómodos. La remodelación comenzó en 2021 y duró dos años. Se renovaron las instalaciones, la cocina, los baños y el tercer piso, mientras el antiguo garaje para tres autos se convirtió en una gran sala familiar.

La idea nunca fue dejarla congelada en el siglo pasado. Había que cuidar su historia, sí, pero también prepararla para la vida actual. Y esta vez los dueños querían color. Después de haber preferido los tonos neutros en otros proyectos, estaban listos para algo más alegre, especialmente durante los largos inviernos, cuando la nieve lo cubre todo.

La cocina lo deja claro. Muebles, puertas y marcos fueron pintados en un azul intenso, específicamente el Santa Monica Blue de Benjamin Moore. El mármol blanco y el latón envejecido ayudaron a equilibrarlo, mientras los pisos de fibras naturales y las cortinas floreadas relajaron el ambiente.

Thomas mezcla sin demasiadas reglas. Una vajilla heredada puede convivir con una campana de latón; una tela estampada, con un mueble encontrado en una venta de antigüedades. No necesita que todo sea de la misma época ni que responda a un único estilo. Le interesa ver qué pasa cuando piezas muy distintas se encuentran.

Esa libertad está en toda la casa. Hay paredes oscuras, terciopelos, papeles murales, alfombras florales, muebles antiguos y obras contemporáneas. También estampados sobre estampados, algunos grandes y otros pequeños, conectados por colores que se repiten de un ambiente a otro.

Según Thomas, al combinarlos solo importa una cosa: que produzcan alegría.

La sala de estar es quizás el mejor ejemplo. Sobre los muros oscuros cuelga una serie de vacas pintadas en colores fuertes. Más abajo, un sofá curvo estampado convive con sillones de terciopelo rojo, cojines distintos, una mesa tapizada y cortinas con flecos. Este ambiente resume bien el espíritu de la casa: está muy decorada, pero no es intocable.

Los dormitorios siguen la misma lógica, aunque de una manera más tranquila. El principal está trabajado en tonos rosados y telas suaves. El tercer piso, en cambio, quedó reservado para las visitas, con tres dormitorios en suite y una pieza con camarotes para los nietos. Allí, el papel mural sube hasta el cielo inclinado y los textiles rojos, azules y blancos le dan cierto aire de campamento. Fue pensado para que los primos pudieran dormir juntos, conversar y jugar.

Thomas diseña cada casa pensando primero en quienes la van a habitar. Esa sensibilidad comenzó a formarse durante su infancia en Nueva York. Su madre, nacida en Chile, decoraba las casas familiares y solía llevarlo a tiendas de telas, anticuarios y remates, mientras su padre encontraba su espacio creativo en el jardín y los arreglos florales.

Aunque primero estudió Relaciones Internacionales en Georgetown University, una temporada en Chile cambió sus planes. Vivió en Santiago, estudió un año en la Universidad Católica y sus padres le encargaron diseñar la casa familiar. Ahí confirmó que quería dedicarse a los interiores.

“Voy a Chile por lo menos tres veces al año, de paseo. Chile me llena el alma”, cuenta desde Estados Unidos.

Después estudió en la New York School of Interior Design y trabajó seis años con Anthony Ingrao. En 2011 abrió Phillip Thomas Inc., su propia oficina en Nueva York. Desde entonces ha diseñado residencias en edificios como The Dakota, 15 Central Park West y River House. También ha participado dos veces en la Kips Bay Decorator Show House y, en 2022, fue nombrado primer Designer in Residence de la casa de subastas Bonhams Skinner.

En los Berkshires, todo ese recorrido se tradujo en un lugar que recuperó su identidad sin ponerse serio. El resultado es una casa antigua que, después de cien años, sigue siendo joven.