POR MARÍA JOSÉ NAZAR / FOTOS FERNANDO GUERRA y WILSON DORIGON

A una hora de São Paulo, entre cerros y vegetación densa, Passarelli Arquitectos proyectó una casa simplemente espectacular. Una construcción que sigue la topografía, abraza sus imperfecciones y las convierte en los gestos más memorables del proyecto. Tan memorables como la casa misma.

Marcelo Passarelli (@passarelli_arquitetos) tiene 37 años, una reconocida oficina en São Paulo y más de 400 proyectos en Brasil y Estados Unidos. Partió remodelando departamentos, aunque de a poco fue dejándolo atrás para dedicarse a construir casas desde cero. Casa da Baro es, en su propio relato, la obra donde sintió que todo lo anterior había tenido sentido. No sorprende. Basta recorrerla para entender por qué ha sido publicada por algunas de las revistas de arquitectura e interiorismo más importantes del mundo.

El proyecto está en Bragança Paulista, a poco más de una hora de São Paulo, dentro de un condominio de campo rodeado de cerros y vegetación densa, y llegó a sus manos por encargo. El terreno bajaba con una pendiente pronunciada. Passarelli no la corrigió: la siguió. La planta se extiende a lo largo de las curvas de nivel y se abre en dos alas simétricas, amplias, pegadas al suelo. Una presencia horizontal que, vista desde arriba, tiene algo de pájaro en vuelo, imagen que no es casual, pues el arquitecto esbozó la idea inicial, literalmente, durante un vuelo.

La geometría es precisa y disciplinada. Líneas rectas, proporciones que se sostienen desde cualquier ángulo, un rigor que transmite calma. Pero en dos momentos exactos esa composición se quiebra, y son los más recordables del proyecto. El primero es la escalera: escultórica, de trazo curvo, que desciende entre los dos niveles con una fluidez que no tiene nada que ver con el resto de la casa. El segundo es la piscina circular, completamente revestida en travertino, que emerge del terreno como si siempre hubiera estado ahí. La cavidad que dejaba la pendiente no se rellenó ni se ocultó, sino que se aprovechó. El hilo de agua que desbordaba de forma natural se convirtió en una pequeña playa húmeda que difumina el límite entre la piscina y el jardín, otra obra maestra diseñada por el prestigioso paisajista Alex Hanazaki (@alexhanazaki).
El travertino es el hilo conductor del proyecto. El mismo material de la piscina continúa adentro sin corte visible, haciendo que el paso entre exterior e interior sea casi imperceptible. Los aleros amplios y las pérgolas filtran la luz y generan la intimidad necesaria sin cerrar los espacios. La casa se abre al paisaje con generosidad, pero sabe dosificar cuánto muestra.

El acceso es desde el nivel superior, a través de una galería que se asoma sobre el área social. Desde ahí, antes de bajar, se ve todo: el espectacular volumen de doble altura del living, el cielo de madera, la luz entrando por los ventanales y los muebles abajo. La escalera escultórica hace el resto del trabajo. Cada peldaño cambia el ángulo, y cuando se llega al living ya se ha recorrido la casa entera sin haberla cruzado todavía.

Adentro, la curaduría es exigente y muy brasileña. Piezas de Lina Bo Bardi y los hermanos Campana conviven con obras de Os Gêmeos y Daniel Senise. Todo ahí tiene nombre, historia y peso. “Esta casa llegó cuando estaba listo para ella”, dice Passarelli. “Fue una manera de decir que había madurado como arquitecto”.